Lecciones económicas de los juegos olímpicos
por Richard W. Rahn
Richard W. Rahn es Director del Center for Economic Growth y académico asociado al Cato Institute.
¿Admira lo que los atletas olímpicos han podido lograr y cree que
deberían ser aplaudidos por su excelente desempeño? La gran mayoría de
personas alrededor del mundo contestaría que sí. La mayoría de la gente
también admira y aplaude a los grandes músicos y artistas. Celebramos a
estas personas porque sabemos que muchos de ellos tuvieron que trabajar
arduamente durante muchos años y con mucha disciplina para lograr las
extraordinarias hazañas que nos dan tanto placer al resto de nosotros.
También aplaudimos y recompensamos sus logros, incluso sabiendo que la suerte tuvo algo que ver con su éxito. La práctica y el trabajo
duro no hacen a un campeón olímpico si este no tiene los genes
adecuados. No hay gimnastas con una estatura de 6 pies y 5 pulgadas así
como tampoco hay campeones de basquetbol con una estatura de 5 pies y 2
pulgadas. Muchos de nosotros no tenemos los genes necesarios para ser un
gran músico —y a algunos de nosotros incluso se nos dificulta seguir el
ritmo, ni hablar de escribir una sinfonía.

La
justicia olímpica implica darle a cada quien según sus habilidades.
Ningún juez o autoridad de los Juegos se atrevería a proponer que hay
que quitarle puntos a los mejores para dárselos a los últimos en aras de
la igualdad